
Profanan tumbas para trasplantes: el caso de la venta de cadáveres de Nueva York.
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La fiscalía ha presentado nuevos cargos en octubre contra los principales acusados, Joseph Nicelli, Michael Mastromarino, Lee Crucetta y Christopher Aldorasi, por profanación de tumbas y robo de cuerpos. Si en el siglo XIX hacían falta cadáveres para las facultades de medicina, en el siglo XXI lo que se necesita son piezas de repuesto humanas para trasplantes. Mastromarino, el supuesto organizador del negocio, se ha declarado inocente de los nuevos cargos.
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Además de estos cuatro, hay más directivos de funerarias acusados.
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Se cree que ofrecían descuentos en funerales a familias con pocos recursos para animarles a donar y que después vendían los cuerpos al cuarteto descuartizador. Según los investigadores, los principales acusados también falsificaban el consentimiento del donante y los certificados de defunción, para hacer pasar por buenos órganos no aptos para trasplantes. En Estados Unidos no se pueden vender partes de un cuerpo, sólo donarlas y con el consentimiento expreso del muerto.
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Ganaban 20.000 dólares por cadáverAl parecer, uno de los cuerpos que desmantelaron era de Alistair Cooke, un famoso presentador de televisión, que murió de cáncer a los 95 años. En este caso están acusados de falsificar los documentos que autorizaban la donación y, además, de poner que se trataba de un hombre de 85 años que había fallecido por un ataque al corazón. Lee Crucetta explicó en el New York Daily News que trabajaban con seis o siete cadáveres al día. Después de quitarles las partes más demandadas en el mercado de los transplantes, rellenaban los cuerpos con tuberías de plástico y los cosían, según Crucetta.
Ganaban 20.000 dólares por cadáverAl parecer, uno de los cuerpos que desmantelaron era de Alistair Cooke, un famoso presentador de televisión, que murió de cáncer a los 95 años. En este caso están acusados de falsificar los documentos que autorizaban la donación y, además, de poner que se trataba de un hombre de 85 años que había fallecido por un ataque al corazón. Lee Crucetta explicó en el New York Daily News que trabajaban con seis o siete cadáveres al día. Después de quitarles las partes más demandadas en el mercado de los transplantes, rellenaban los cuerpos con tuberías de plástico y los cosían, según Crucetta.
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Dijo que pagaban a las funerarias 1.000 dólares por cada cuerpo y que ganaban 20.000 dólares con la venta de la piel, los huesos del brazo y la pierna, la pelvis, tendones, ligamentos, venas, arterias y las válvulas del corazón, que es lo que vendían normalmente. Según la acusación, comercializaron más de 1.000 cadáveres. Cruceta explicó que pasó de ganar 50.000 dólares al año como enfermero a 185.000 dólares como ayudante de disecciones de Mastromarino.
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El fiscal, Charles J. Hynes, señaló que en Estados Unidos se pueden conseguir hasta 250.000 dólares con la venta de un cuerpo por partes, y dijo que el caso parecía sacado de una película de terror.
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